Carbono Negro: ¿qué es y por qué importa?
El carbono negro (black carbon) es un componente del material particulado producido por la combustión incompleta de combustibles fósiles, biomasa y residuos. Se clasifica como un contaminante climático de vida corta (persiste en la atmósfera días/semanas), y también es considerado dentro del concepto más amplio de supercontaminantes [1], debido a su alto potencial de calentamiento global en horizontes de corto plazo y sus efectos directos sobre la salud humana y la calidad del aire [2].
El impacto del carbono negro en el clima es relevante dado que sus partículas en el aire absorben el calor del sol alterando los patrones climáticos locales. Además, cuando estas partículas se depositan en la nieve y el hielo, oscurecen la superficie y aceleran el derretimiento de los glaciares y el hielo marino.
Asimismo, carbono negro está directamente asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, presión arterial alta, enfermedades respiratorias crónicas, resultados adversos en el embarazo y mortalidad relacionada con olas de calor [3,4].
Contexto y enfoque de la COP30
(COP30) se realizó en Belém, Brasil, del 10 al 21 de noviembre de 2025. La COP30 fue particularmente simbólica dado que marcó el décimo aniversario del Acuerdo de París y su enfoque fue la implementación de los compromisos climáticos. La Presidencia de Brasil presentó la cumbre como la “COP de la implementación”, buscando transformar metas en acciones más concretas que permitan cumplir los objetivos del Acuerdo de París [5].
El resultado oficial de COP30 incluyó el denominado Belém Package. Este fue una serie de decisiones consensuadas por 195 Partes con énfasis en triplicar la financiación para adaptación climática hasta 2035 y promover mecanismos de transición justa. Dicho paquete de decisiones no estableció compromisos vinculantes claros sobre algunos temas críticos como la reducción de combustibles fósiles [6].
Desde ALACEA hicimos seguimiento a la COP30 en temas de interés para la asociación relacionados con supercontaminantes y en específico el carbono negro. El texto oficial de la COP30 no incorporó menciones explícitas sobre carbono negro, reflejando la complejidad para articular compromisos vinculantes en torno a contaminantes de vida corta y la resistencia persistente en las negociaciones a priorizar temas que no estén directamente ligados a gases de efecto invernadero clásicos (v.g., CO₂). Sin embargo, en el marco de la COP30, sí hubo movimientos significativos fuera del texto negociado, especialmente en los eventos paralelos y anuncios de políticas públicas nacionales, que resaltaron la importancia de este contaminante en el diálogo climático global.
En América Latina y el Caribe países como Colombia, Chile y México han incluido metas de reducción de carbono negro en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés) como estrategia clave para combatir el calentamiento global a corto plazo y mejorar la calidad del aire simultáneamente. Otros países como Costa Rica y República Dominicana han hecho anuncios o han empezado a vincular este contaminante a sus planes e informes nacionales de desarrollo y clima.
Eventos y discusiones en la COP30
Entre los espacios de la COP30 donde se discutió sobre carbono negro se destacaron:
– El Super Pollutants Solutions Pavilion en la Zona Azul de la COP30 [7]. Organizado conjuntamente por Clean Air Fund, Global Methane Hub y Super Pollutant Action Alliance, en este espacio se organizaron presentaciones, paneles y discusiones sobre soluciones prácticas para abordar reducir emisiones de carbono negro, promoviendo conversaciones no solamente con actores de cambio climático, sino con tomadores de decisión responsables de la gestión de la calidad del aire.
– Eventos co-organizados por el Center for Brazilian International Relations (CEBRI) y el Clean Air Fund. Este espacio aprovechó la presencia de diversos actores en la COP para convocar a gobiernos locales, sociedad civil y sector privado para debatir oportunidades de políticas públicas para reducir emisiones de contaminante de vida corta, con especial atención a carbono negro.
– Además, grupos como la Clean Arctic Alliance organizaron sesiones en el Cryosphere Pavilion donde se abordó la necesidad urgente de reducir emisiones de carbono negro derivadas de actividades como el transporte marítimo en el Ártico para proteger la criósfera y limitar el calentamiento regional.
Participación y compromisos de países
Aunque la decisión final de la COP30 no incorporó una referencia vinculante directa sobre carbono negro, los espacios anteriormente nombrados sirvieron de plataforma para que diversos países anunciaran acuerdos para poner sobre la mesa metas concretas relacionadas con este contaminante:
– Nueve países, entre ellos Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Madagascar, Nigeria, Sri Lanka y Uganda, hicieron un anuncio conjunto en Belém sobre acciones sectoriales para reducir emisiones de carbono negro. Estas acciones comprenden la integración del carbono negro en sus estrategias nacionales climáticas de largo plazo, el establecer estándares de emisión, y el desarrollo de políticas sectoriales con medidas de reducción de emisiones en transporte, energía, industria y agricultura.
– Por ejemplo, Colombia reafirmó su intención de reducir emisiones de carbono negro en un 40 % para 2030 en comparación con niveles de referencia de 2014, incluyendo prioridades como transporte, incendios agrícolas e industria. Similarmente, Chile estableció un objetivo de 25 % de reducción para 2030 desde 2016 e integró estrategias específicas en su Contribución Determinada Nacional (NDC). República Dominicana incrementará esfuerzos por el monitoreo de carbono negro y usará esta Información para la planeación en sectores como energía, transporte, agricultura y residuos.
Estos avances, aunque aún voluntarios, sugieren un movimiento hacia una inclusión más robusta de medidas contra carbono negro en las políticas nacionales y futuras negociaciones climáticas, conectando mitigación del cambio climático, salud pública y desarrollo sostenible.
Oportunidades para la ciencia
Los compromisos anteriormente destacados requieren de los esfuerzos diferentes actores, y dan una señal para que desde la ciencia se contribuya a mejorar la evidencia que permita estructurar mejor las acciones y alcanzar los objetivos de mitigar el calentamiento global, mejorar la calidad del aire y proteger la salud de la población. Algunas de las oportunidades para contribuir desde la ciencia son [8,9]:
– Mejorar la disponibilidad de datos (observaciones) de carbono negro y desarrollar modelización climática regional.
– Proponer métricas climáticas y de salud que reflejen mejor los costos ambientales y sociales locales del carbono negro
– Desarrollo y actualización de inventarios de emisiones y mejora de factores de emisión de carbono negro.
Bibliografía
Juan Felipe Franco (ALACEA)